No podemos dejar de dolernos por lo que está pasando en nuestro país, y no solo en nuestro país sino en el mundo, no podemos pecar de ser ciegos o sordos ante una realidad que claramente nos rebasa, pero no podemos cansarnos, ni tampoco debemos hacerlo, de rezar, de pedir perdón al Señor, de pedir piedad y misericordia para nosotros mismos y para los que más están sufriendo, al contrario, debemos esforzarnos por tener una cercanía más asidua y más sincera con nuestro Señor, con nuestra Señora que bien sabemos es la más poderosa intercesora con la que contamos los seres humanos en este mundo pero también en el otro.
Conozcamos mejor la vida de los santos, ellos no nacieron santos, se hicieron santos con la gracia de Dios, también les tocaron tiempos y pruebas difíciles, pero confiaron en el Señor siempre, cabal y constantemente, aún a pesar de su propia vida, fueron seres humanos, con sus debilidades y defectos pero se esforzaron día a día por cambiar, por vivir conforme a la voluntad de Dios y al final alcanzaron la corona esperada, debemos esforzarnos por leer y conocer sus vidas porque ellos son el mejor modelo con el que podamos contar, son quizás lo más cercano y parecido a nosotros y su ejemplo nos puede ayudar. Los que tienen más experiencia en estos temas recomiendan que elijamos un santo que se asemeje a nosotros, tal vez a nuestro carácter, o al medio en que vivieron, etc. y otro santo opuesto a nosotros, es decir tener como referencia los polos opuestos, pues la vida de ambos nos ayudará y nos animará a leer cualesquiera otro y acabaremos teniendo una amplia referencia en la vida de los santos que nos ayudará a sacar lo mejor de nosotros mismos. Para hablar a los hijos, a la familia y a los que nos rodean de Dios, a veces el camino más fácil y más rápido es hablar del testimonio de los santos, pero si no los conocemos de qué podremos hablar? Acudamos además a la Sagrada Escritura con más frecuencia, es la Palabra de Dios escrita, ahí están los lineamientos para toda nuestra vida.
Si, vivimos tiempos especialmente difíciles, las manifestaciones de nuestro Señor y de nuestra Señora no se han hecho esperar, es como si de alguna forma quisieran llamar nuestra atención y a volver nuestros ojos a ellos, ojalá que no seamos sordos a su voz, que no endurezcamos nuestro corazón. Hoy más que nunca es necesaria, urgente nuestra oración.
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