Desde los siete años sentía la suprema llamada de Dios, la gracia de la vocación a la vida consagrada. A los siete años por primera vez oí la voz de Dios en mi alma, es decir, la invitación a una vida más perfecta. Sin embargo, no siempre obedecí la voz de la gracia. No encontré a nadie quien me aclarase esas cosas.
(Diario Santa Faustina No. 7)
Dicen los santos, que cuando Dios desea algo de alguién, lo conseguirá por más que se niegue el alma. La voz del Señor es irresistible y que bueno que sea así, en el caso de Santa Faustina nos vamos dando cuenta como desde una edad tan tierna, (siete años), donde uno podría pensar que los niños no tienen conciencia para estas cosas, pero vemos como sí, ella tenía conciencia de que era Dios quien la llamaba, y ella dice que no siempre obedeció la voz de la gracia, pero seguramente tampoco nadie le hubiese creído. Y aquí vemos la importancia de una comunicación cercana de los padres para con los hijos, porque escuchándolos, estando cerca de ellos los conoceremos mejor y sabremos realmente cuando un hijo dice la verdad y cuando no, escucharlos, tratarlos, observarlos, estar ahí, es la única forma no hay otra.
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El decimoctavo año de mi vida, insistente pedido a mis padres el permiso para entrar en un convento; una categórica negativa de los padres. Después de esa negativa me entregué a las vanidades de la vida sin hacer caso alguno a la voz de la gracia, aunque mi alma en nada encontraba satisfacción. Las continuas llamadas de la gracia eran para mi un tormento, sin embargo intenté apagarlas con distracciones, evitaba a Dios dentro de mí y con toda mi alma me inclinaba hacia las criaturas. Pero la gracia divina venció en mi alma.
(Diario de Santa Faustina 8)
Aquí vemos una lucha fuerte en el interior de Santa Faustina a los dieciocho años, toda una joven, cuando las chicas desean divertirse, conocer amigos, amigas, sin embargo ella dice que insistió varias veces a sus padres el permiso para entrar a un convento, también hay que tomar en cuenta que en ese tiempo se debía pagar una dote para entrar a un convento y seguramente los padres más que una negativa de no querer dar el permiso, tal vez no contaban con el dinero requerido. Pero eso no parece importarle a Dios, que sigue llamándola una y otra y otra vez, a tal punto que dice Santa Faustina sus continuas llamadas eran ya un tormento, y entonces ella trata de evadir esas llamadas por el camino opuesto, es decir en vez del silencio donde se puede escuchar a Dios y gozarse en El, lo opuesto es precisamente el ruido, la convivencia con mucha gente, etc., y lo dice bien claro, "intenté apagarlas con toda mi alma", seguramente quería convencerse así misma de que como no se podía pues tampoco desearía seguir escuchando aquello que la inquietaba. Pero Dios es Dios y nosotros sus criaturas.
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Una vez, junto con una mis hermanas, fuimos a un baile. Cuando todos se divertían mucho, mi alma sufría tormentos interiores, En el momento en que empecé a bailar, de repente ví a Jesús junto a mí, a Jesús martirizado despojado de sus vestiduras, cubierto de heridas diciéndome esas palabras: "¿Hasta cuando me harás sufrir? ¿Hasta cuando me engañarás?" En aquel momento dejaron de sonar los alegres tonos de la música, desapareció de mis ojos la compañía en la que me encontraba, nos quedamos Jesús y yo. Me senté junto a mi querida hermana y fuí a la catedral de San Estanislao Kostka. Estaba anocheciendo, había poca gente en la catedral, sin hacer caso a lo que pasaba alrededor, me postré en cruz delante del Santísimo Sacramento. Y pedí al Señor que se dignara hacerme conocer que había de hacer en adelante.
(Diario de Santa Faustina 9)
También dicen los santos que llega un momento en que Dios dice BASTA, y para Santa Faustina este fué uno de esos momentos, después de una larga espera (once años), Jesús decide hacerse presente de una forma definitiva, entonces ya no se pudo resistir más, y dice que se va a la Catedral de San Estanislao y hace la pregunta clave. ¿Qué quieres Señor que haga en adelante?, esa es la pregunta que todos debiéramos hacer al Señor, ¿Qué quieres Señor que haga con mi vida?, pero casi siempre lo que sucede es que hacemos nuestra propia larga lista, con nuestros planes, nuestros proyectos, nuestras ilusiones, y nunca le preguntamos a Dios cual es Su Voluntad para cada uno de nosotros, si llegamos a hacerlo con fé, con amor, desde lo más profundo de nuestro corazón El Señor responderá ahí mismo, en el interior de nuestro corazón. Ojalá nos atrevamos, si lo hacemos. de verdad llegaremos a ser felices y no solo en esta vida, sino que aseguraremos nuestra felicidad eterna.
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