Entonces oí esas palabras: Ve inmediatamente a Varsovia, allí entrarás a un convento. Me levanté de la oración, fui a casa y solucioné las cosas necesarias. Como pude le confesé a mi hermana lo que había ocurrido en mi alma, le dije que me despidiera de mis padres, y con solo un vestido sin nada más, llegué a Varsovia.
(Diario de Santa Faustina No. 10)
Como recordamos en el capítulo anterior Santa Faustina le pide al Señor que le haga conocer lo que debería hacer en adelante.
Ella entonces escucha al Señor que le manda que vaya inmediatamente a Varsovia y que allí entrará en un convento, como vemos nuestro Señor nos habla de muchas formas, pero de forma privilegiada nos habla en el silencio de la oración, pues es ahí donde nos habla al corazón. También vemos que el Señor le manda, no le sugiere, o le toma consentimiento, no, le manda adonde debe ir, y ella a su vez atiende como El se lo indica Inmediatamente, le cuenta a su hermana, Dios en su sabiduría infinita permite este encuentro con su hermana para que así la familia no se preocupe y se va tan solo con lo que lleva puesto, segura de quien le manda, sabe que está en sus manos y que El la proveerá de todo lo que necesite.
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Cuando bajé del tren y vi que cada uno se fue por su camino, me entró miedo: ¿Qué hacer? ¿Adonde dirigirme si no conocía a nadie? Y dije a la Madre de Dios: María dirígeme, guíame. Inmediatamente oí en el alma estas palabras: que saliera de la ciudad a una aldea donde pasaría una noche tranquila. Así lo hice y encontré todo tal y como la Madre de Dios me había dicho.
(Diario de Santa Faustina No. 11)
Santa Faustina en su humanidad siente miedo, miedo de no saber que hacer, de no saber adonde ir, de no conocer a nadie en ese lugar, pero la gracia de Dios le hace invocar a Su Madre, y nos dice que inmediatamente, la solicitud de la Madre ante la llamada de su hija, y le hace saber adonde debe dirigirse para pasar no solo la noche, sino dice, una noche tranquila. Qué maravilla!, y lo confirma cuando dice que lo encontró todo tal como se lo había dicho la Madre de Dios.
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Al día siguiente, a primera hora regresé a la ciudad y entré en la primera iglesia que encontré y empecé a rezar para que siguiera revelándose en mí la voluntad de Dios. Las Santas Misas seguían una tras otra. Durante una oí estas palabras: Ve a hablar con este sacerdote y dile todo, y él te dirá lo que debes hacer en adelante. Terminada la Santa Misa fui a la sacristía y conté todo lo que había ocurrido en mi alma y pedí que me indicara en qué convento debía estar.
(Diario de Santa Faustina No. 12)
Después de pasar la noche, como le había indicado la Madre de Dios, dice que a primera hora va a la primera iglesia que encuentra, recordemos que Dios está en todos lados sí, pero habita de manera especial en el templo, y dice que no escucha no una o dos misas, sino que estuvo en varias misas, y en una de esas escucha nuevamente la voz del Señor. Cuántas veces nosotros entramos al templo a misa y ya queremos que se termine porque el padre ya se tardó, Santa Faustina busca algo, y está resuelta a no marcharse hasta lograr lo que desea así tuviera que esperar el tiempo que fuera necesario. Nuestro Señor le dice que vaya a hablar con ese sacerdote y le cuente todo, ella no lo duda, cualquiera tal vez podría pensar y como voy a contar estas cosas a un sacerdote que ni me conoce, pensará sin duda que estoy loca, pero ella no, ella sabe que si Jesús le ha dicho que fuera con ese sacerdote, también movería su corazón para acogerla y ayudarla, tal como sucedió.
En este capítulo podemos aprender la obediencia, la confianza, la docilidad de corazón y la solicitud de Santa Faustina.
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